El nuevo estadio de Cruz Azul podría contar con una característica que lo pondría a la altura de los recintos más modernos del planeta: una cancha removible. El proyecto, a cargo del arquitecto Luis Fernández de Ortega, contempla un diseño distinto al que hoy tienen el Estadio BBVA de Monterrey y el Estadio Akron de Guadalajara, apostando por una tecnología que le permitiría a La Máquina transformar su casa en un recinto multiusos capaz de albergar conciertos y espectáculos de gran escala sin sacrificar el terreno de juego. Pero para conseguirlo, ya habría dado el primer paso.
Fernández de Ortega detrás del estadio de Cruz Azul
El encargado del proyecto ya construyó dos de los estadios más modernos del futbol mexicano: el Akron de Chivas y el BBVA de Monterrey, ambos reconocidos por su infraestructura comercial, sus accesos y la experiencia que ofrecen al aficionado, además de haber sido sede durante el Mundial. El reto ahora será construir una identidad propia para Cruz Azul y, de paso, sumar una tecnología que ninguno de esos dos recintos tiene todavía en México. Sin embargo, incorporar esta tecnología también tendría un costo adicional importante.
Una función costosa para la directiva de Cruz Azul
La idea consiste en que el césped no permanezca fijo en el mismo lugar todo el año. En lugar de eso, el terreno de juego puede retirarse o modificarse para proteger la superficie durante conciertos u otros eventos masivos, permitiendo que el estadio tenga una agenda mucho más amplia que la de un recinto exclusivamente futbolero. Para Cruz Azul, esa versatilidad representaría una forma de rentabilizar una infraestructura cuyo costo rondaría los 300 a 350 millones de dólares. Además, la cancha removible tendría un costo estimado de 40 a 100 millones de dólares, una inversión que colocaría al nuevo estadio en una lista exclusiva.
Cruz Azul entraría en una lista exclusiva
La tecnología que Cruz Azul busca no sería una novedad global. El primer estadio en tener una cancha removible fue el GelreDome de Arnhem, en Países Bajos, que desde 1998 desplaza una enorme bandeja de concreto con césped a través de una abertura de 85 metros bajo la tribuna sur. El ejemplo más avanzado está en el Tottenham Hotspur Stadium de Londres, inaugurado en 2019: su cancha de pasto natural se divide en tres secciones de más de 3,000 toneladas y se retrae en apenas 25 minutos gracias a cerca de 200 motores eléctricos. En Estados Unidos, el SoFi Stadium utiliza césped trasladable para eventos como el Mundial 2026, mientras el Santiago Bernabéu combina techo retráctil y cancha removible. Si Cruz Azul concreta algo similar, sería el primer estadio de México con esta tecnología. Exclusividad que le abriría una puerta a nuevos negocios.
El estadio de Cruz Azul albergaría otros deportes
Contar con una cancha removible abriría la posibilidad de recibir eventos que hoy necesitan recintos específicos, desde conciertos masivos hasta partidos de futbol americano. La NFL, por ejemplo, ha demostrado el impacto económico que puede generar un solo partido en México, con una derrama que en algunos antecedentes superó los 85 millones de dólares entre taquilla y consumo local. A eso se suman ingresos adicionales por estacionamientos, zonas VIP, hospitalidad, alimentos, patrocinios y derechos comerciales, un modelo de negocio que ningún otro estadio de la Liga MX explota todavía a esa escala.
Un proyecto que todavía tomará años
Pese a lo prometedor del proyecto, los aficionados todavía tendrán que esperar. La Cooperativa tendría contemplado colocar la primera piedra durante 2027, mientras que la inauguración se proyecta entre 2029 y 2030, por lo que Cruz Azul deberá seguir jugando en sedes prestadas mientras avanza la obra. El calendario, sin embargo, abre la posibilidad de entrar en consideración para el Mundial de Clubes 2029, lo que le permitiría estrenarse prácticamente con un torneo internacional de alto nivel. Mientras tanto, todavía deberán definirse los detalles tecnológicos y comerciales, incluida la cancha removible.







