Javier Aguirre prefirió a Guillermo Martínez antes que a Armando “Hormiga” González ante Inglaterra porque buscaba un delantero que pudiera chocar con los centrales, aguantar de espaldas y pelear el cuerpo a cuerpo en los últimos minutos. La decisión no salió como esperaba, el Memote tuvo poca influencia en el área y México terminó despidiéndose del Mundial con una derrota dolorosa en el Estadio Azteca, justo cuando muchos pedían una variante más agresiva y con más movilidad.
El Memote entró para incomodar a los centrales ingleses
La lectura del Vasco Aguirre fue apostar por un atacante de mayor presencia física. Guillermo Martínez mide cerca de 1.91 m, juega como delantero centro y suele ser utilizado para fijar defensas, ganar balones divididos y forzar segundas jugadas. La idea era que estorbara a los centrales ingleses en el área, pero Inglaterra defendió con orden y México necesitaba algo más que contacto para romper el bloque.
¿Por qué la Hormiga parecía una opción más distinta?
La duda aparece porque Armando “Hormiga” González ofrecía otro tipo de recurso, más ruptura, más desmarque y más sorpresa frente al arco. En un partido donde México necesitaba cambiar el ritmo, su entrada podía haber servido para atacar espacios y no solo para pelear por arriba. La crítica no va solo por quién entró, sino por el tipo de solución que Aguirre eligió cuando el partido pedía una sacudida.
México perdió el invicto defensivo y también el control emocional
El golpe fue más fuerte porque el Tri venía de un torneo sólido, con una defensa que había sido una de sus principales fortalezas antes de enfrentar a Inglaterra. Al quedar abajo en el marcador, México necesitaba frescura, precisión y agresividad en el área, pero los cambios no lograron transformar el partido. La eliminación deja una pregunta incómoda para Aguirre, si el plan era buscar un gol, quizá la variante más atrevida se quedó esperando en la banca.







