Javier Aguirre lanzó una promesa a todo México para el partido de octavos de final del Mundial 2026: competir como si fuera el duelo más importante de su carrera. El Vasco no escondió lo que representa esta oportunidad, porque siente a la gente, ve la emoción en las calles y entiende que el país no solo quiere avanzar, sino romper de una vez con una historia de golpes mundialistas que lo persigue desde hace años.

Aguirre carga con las heridas de 2002 y 2010

Para Javier Aguirre, este partido tiene un peso especial porque sus dos Mundiales anteriores con México terminaron como fracasos dolorosos en eliminación directa. En Corea-Japón 2002, el Tri llegó como favorito ante Estados Unidos, pero cayó 2-0 en octavos y el propio Vasco reconoció después que aquella derrota lo marcó profundamente. En Sudáfrica 2010, volvió a quedarse corto ante Argentina, en un partido manchado por el polémico fuera de lugar de Carlos Tévez y cerrado con derrota 3-1.

México vuelve a creer con el Vasco

Ahora la historia parece distinta, porque México viene de vencer 2-0 a Ecuador, logró su primera victoria en fase de eliminación mundialista desde 1986 y mantiene cuatro triunfos consecutivos sin recibir gol. Julián Quiñones y Raúl Jiménez encendieron al Estadio Azteca, mientras Gilberto Mora volvió a ilusionar a la afición; por eso Aguirre no solo habla desde la táctica, también desde la emoción de ver a un país convencido de que esta vez sí puede llegar más lejos.

Arabia puede esperar, México no

El futuro de Javier Aguirre incluso podría estar en Arabia Saudita, con reportes que colocan al Al-Ittihad como una posibilidad después del Mundial, pero el propio entrenador habría dejado claro que no quiere hablar de nada hasta que termine la Copa del Mundo. Por eso el mensaje a México suena tan fuerte: antes de pensar en Arabia, contratos o despedidas, el Vasco tiene una cita con su propia historia; ganar en octavos sería borrar viejas cicatrices y cumplirle a una afición que hoy vuelve a creer.