Guillermo Ochoa rompió el silencio después de ver vibrar al Estadio Azteca y dejó claro que, más allá de si seguirá o no jugando al fútbol, con la Selección Mexicana siente que cerró un ciclo enorme. Memo habló agradecido con la afición, dijo que se va con la cabeza en alto y aseguró que entregó todo por esa playera y por México. No fue un anuncio frío de retiro, pero sí una despedida emocional de una etapa que marcó su vida.

Memo habló desde el agradecimiento

El portero mexicano no escondió la emoción y puso a la afición en el centro de su mensaje. Agradeció el recibimiento, el cariño de tantos años y la forma en la que el público reconoció su entrega dentro y fuera de la cancha. Sus palabras sonaron a cierre porque habló de irse “vacío”, como alguien que siente que ya no se guardó nada y que dejó todo por representar al país.

Una carrera que caminó junto a México

Ochoa recordó que su carrera siempre fue de la mano con la Selección, desde sus primeros llamados olímpicos en Atenas 2004 hasta llegar a su sexto Mundial. Su historia con el Tri también pasó por noches inolvidables en Copas del Mundo, críticas fuertes, momentos de banca y actuaciones que quedaron grabadas en la memoria de la afición. Por eso el homenaje no fue solo para un portero, sino para una figura que sostuvo más de dos décadas de presión.

El Azteca le dio el cierre que merecía

El ingreso de Memo ante República Checa terminó convirtiéndose en una de las imágenes más emotivas del Mundial para México. Entró en la recta final, recibió el brazalete de capitán y fue ovacionado por una afición que entendió la magnitud del momento. Si fue su último partido con el Tri, se fue como quería: en casa, con México ganando, con el Azteca de pie y con la sensación de haber dejado la bandera en alto hasta el último día.