Rivero rompió el silencio y apuntó contra Larcamón tras su salida de Cruz Azul: "No hay que darle trascendencia"

El uruguayo emprendió su viaje a Tijuana y le dejó un recadito al entrenador de La Máquina.

El uruguayo emprendió su viaje a Tijuana y le dejó un recadito al entrenador de La Máquina.

El uruguayo emprendió su viaje a Tijuana y le dejó un recadito al entrenador de La Máquina.

La salida de Ignacio Rivero de Cruz Azul se concretó de forma estrepitosa hacia los Xolos de Tijuana, dejando una herida abierta en la afición que aún no comprende el adiós de su capitán. En el aeropuerto, Nacho rompió el silencio con una frase lapidaria que resume su sentir: “Es una sensación rara dejar Cruz Azul porque ya son varios años los que defendí el club. La sensación es extraña por cómo se dio todo (perder lugar de un momento a otro), pero hay que pasar de página; me entregué en cuerpo y alma”, expresó ante las cámaras con risa socarrona. Estas palabras confirman que su salida no fue por voluntad propia, sino el resultado de un desgaste interno que se venía gestando hace meses en La Noria, pero lo que confesó inmediatamente después sobre su relación con Nicolás Larcamón fue todavía peor.

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Esa confesión, cargada de una tensión evidente, surgió cuando se le consultó sobre si existió un conflicto real con el estratega argentino, a lo que Rivero lanzó una respuesta cortante: “Son cosas que quedan dentro de Cruz Azul y no hay que darle trascendencia. La relación era cordial, así que todo bien”. Con esta declaración, el charrúa evitó desmentir los roces y dejó en claro que la comunicación se limitaba a lo estrictamente profesional bajo un clima de desconfianza. Esta "cordialidad" forzada fue el detonante para que el eterno capitán decidiera que su etapa en el club había terminado, entendiendo que ya no gozaba del respaldo táctico del banquillo, aunque lo que se reveló sobre los otros líderes que acompañaron a Nacho en este "exilio" fue todavía más escandaloso.

La purga de los referentes en el vestidor de Cruz Azul

Lo ocurrido es que Rivero no fue el único en pagar los platos rotos por enfrentar la ideología del entrenador; las salidas de Ángel Sepúlveda y Lorenzo Faravelli también obedecen a esta limpia de elementos con peso. Según fuentes cercanas al club, el cuerpo técnico buscaba eliminar cualquier figura que pudiera cuestionar sus decisiones tras las extrañas suplencias de Paradela y Charly Rodríguez en la liguilla pasada. Larcamón ha tomado el control absoluto, enviando un mensaje directo de que nadie es intocable bajo su mando, sin importar los años de entrega o los títulos ganados con la institución. La apuesta es total y sumamente riesgosa para el inicio del Clausura 2026, aunque lo que se filtró sobre la fortuna que pagó la Máquina por el reemplazo de Nacho fue lo que realmente desató el caos.

Nacho deja el equipo tras 236 partidos y 4 títulos.
Nacho deja el equipo tras 236 partidos y 4 títulos.

Esa filtración indica que Cruz Azul tuvo que desembolsar 8 millones de dólares netos por Agustín Palavecino, ya que la negociación original que incluía a Faravelli como moneda de intercambio se derrumbó por completo. De acuerdo con el periodista César Merlo, complicaciones en las condiciones contractuales del argentino obligaron a la Máquina a pagar el precio total por el ex de Necaxa para no perder al refuerzo estelar. Esto significa que el club no solo perdió a sus referentes emocionales, sino que también sacrificó una cifra histórica para cumplir los deseos personales del director técnico en turno. La directiva está bajo la lupa por haber cedido ante todas las peticiones de Larcamón, pero lo que se confesó sobre el destino final de Faravelli fue lo que finalmente dejó helada a la afición.

Un contrato de miseria para el ex ídolo azul

Lo que sucedió fue que Lorenzo Faravelli, tras ser descartado por el nuevo régimen, tuvo que aceptar un contrato de apenas 12 meses y una notable reducción salarial para poder firmar con el Necaxa. El mediocampista pasó de ser una figura inamovible a un refuerzo condicionado que quedará libre en un año, una muestra de cómo se desmoronó su estatus en apenas unas semanas de gestión deportiva. El nuevo orden en Cruz Azul es una realidad que no admite críticas internas ni sentimentalismos por el pasado exitoso del equipo. El torneo está a la vuelta de la esquina y la presión sobre el técnico será asfixiante desde el primer minuto que ruede el balón.

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