Matías Almeyda sorprendió en la conferencia prensa, tras perder la final ante Toluca 2 a 0, al reconocer que dirigir a Rayados de Monterrey le pasó factura en lo físico. El técnico argentino fue directo al describir el costo personal de este semestre: “le dedico muchísimo tiempo al fútbol, fui al oculista, perdí un punto más, me estoy quemando la vista”, confesó ante los medios presentes. Pero detrás de ese sacrificio hay una historia que el propio Almeyda decidió contar con más detalle.

El entrenador explicó que las largas jornadas de análisis de video, la planificación de entrenamientos y el seguimiento personalizado de cada futbolista se volvieron una rutina que no da tregua. No es una queja, aclaró, sino una manera de justificar por qué Rayados llegó a la final tan rápido después de un semestre que arrancó entre dudas. Ese desgaste, dijo, es el precio que paga con gusto por ver a un plantel que hace poco dudaba de sí mismo y hoy pelea por un título. Y ahí es donde el propio Almeyda empezó a hablar de la transformación que logró en tan poco tiempo.

Almeyda pasó de las dudas a una final

Monterrey arrastraba resultados adversos y una imagen desdibujada, algo que el propio técnico no dudó en poner sobre la mesa: “no es fácil llegar a la final, no es fácil ser competitivo, no es fácil cambiar imágenes”, sentenció. Con esas palabras resumió el proceso que atravesó el plantel, marcado por la desconfianza inicial, la cual hoy en día cambió al llegar a la final de la Leagues Cup 2026.

Ese proceso incluyó ajustes tácticos, pero también un trabajo puertas adentro para reconstruir la confianza del plantel. Almeyda insistió en que el grupo pasó de la duda a competir de igual a igual con rivales de peso, algo que no todos los técnicos logran imponer en pocos meses. Según su lectura, esa transformación recién comienza y todavía hay margen para crecer, sobre todo pensando en el corto plazo. El propio DT dejó abierta la puerta a que este salto de nivel tenga continuidad más allá de la final, aunque prefirió no adelantarse demasiado. Antes de eso, tenía otro tema pendiente para dejar en claro.

El respeto, un límite que Almeyda no negocia

El técnico argentino también quiso dejar en claro cuál es su código de conducta dentro y fuera de la cancha. “Yo trabajo con mucho respeto, y cuando me faltan el respeto por eso me enojo”, expresó. El entrenador remarcó que esa exigencia no distingue rivales, prensa o directivos: para él, el respeto es una condición no negociable para poder trabajar tranquilo.

Con la final ya en el pasado, Almeyda mira hacia adelante sin perder de vista el camino recorrido. El propio DT resumió el desafío que se viene: “nos queda un tiempo largo y si Dios quiere apuntaremos a la final de liguilla”, dijo, marcando que el objetivo inmediato no termina en esta serie. Rayados llega con la confianza de haber revertido un semestre complicado y con un técnico que no esconde el costo físico y emocional de ese proceso.