¡Heredero del dorsal 2! El emotivo reencuentro de Alan Mozo con José Castillo tras el triunfo de Chivas

Los defensores se demostraron buena onda entre sí y bromearon dentro del campo de juego.

El defensor fue bien recibido por el público y ex compañeros.

El defensor fue bien recibido por el público y ex compañeros.

El regreso de Alan Mozo al Estadio Akron como jugador del Pachuca no solo estuvo marcado por la ovación de la grada, sino por un gesto de auténtica camaradería que captaron las cámaras tras el silbatazo final. El lateral derecho, quien fue enviado a préstamo a los Tuzos por decisión de Gabriel Milito, se tomó el tiempo para saludar uno a uno a sus excompañeros del Guadalajara, pero el momento que paralizó a todos fue su encuentro con José Castillo. Lejos de mostrar resentimiento por haber perdido su lugar, Mozo bromeó abiertamente con Castillo, quien no solo se ha quedado con la titularidad en la banda derecha, sino que ahora porta oficialmente el emblemático dorsal 2 que Alan dejó vacante. Esta escena de respeto y risas entre el antiguo dueño de la lateral y su sucesor fue un bálsamo para la afición, aunque lo que se desveló sobre las palabras exactas que Mozo le susurró al oído al nuevo canterano estelar dejó a todos con la boca abierta.

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Esa breve charla privada entre ambos defensores contenía una carga simbólica muy fuerte, pues Mozo, con la madurez que lo caracteriza, le dio su "bendición" al juvenil para que porte con orgullo el número que él defendió con tanta garra. La broma, captada por los micrófonos ambientales, giró en torno a la responsabilidad de mantener el nivel por esa banda, demostrando que el vestidor del Rebaño sigue queriendo a su antiguo líder a pesar de las decisiones de la directiva. La armonía entre los futbolistas contrastó drásticamente con la tensión que se percibía en el palco técnico, pero lo que se reveló sobre el frío cruce de miradas entre Alan Mozo y el cuerpo técnico de Milito durante este saludo fue todavía más revelador.

Respeto entre guerreros: José Castillo asume la estafeta de Alan Mozo

Lo ocurrido en los pasillos del Akron tras la victoria de Chivas por 2-0 confirmó que, para los jugadores, la amistad trasciende los colores y las transferencias forzadas. Alan Mozo se mostró sumamente afectuoso con Castillo, reconociendo que el puesto está en buenas manos y bromeando sobre la "herencia" del número 2, el cual parece haber encontrado un dueño digno en este Clausura 2026. Este acto de nobleza por parte de Mozo reafirma su calidad humana, aunque la incógnita sobre si esta buena relación podría verse afectada por una futura competencia fue revelada por el reporte de cancha de TUDN. Según la fuente oficial, Castillo agradeció el gesto y le prometió a Mozo cuidar el prestigio de esa posición mientras el lateral cumple su etapa en la Bella Airosa.

Esta promesa entre defensores selló un pacto de caballeros que fue aplaudido por los presentes en la zona de túneles, donde se respiraba un aire de nostalgia mezclado con el optimismo del nuevo triunfo rojiblanco. Sin embargo, la alegría por ver a estos dos cracks conviviendo se vio empañada cuando los medios recordaron la postura radical que ha tomado el técnico Milito sobre los jugadores que, como Mozo, "no toleran la suplencia". El contraste entre el cariño de los compañeros y la rigidez del estratega fue evidente, pero lo que confesó un auxiliar de Pachuca sobre el estado de ánimo real de Alan tras bromear con su "sucesor" fue lo que finalmente dejó la puerta abierta al escándalo.

El dorsal de la polémica: ¿Hizo bien Chivas en entregar el 2 de Mozo?

Esa confesión del entorno cercano al jugador indica que, detrás de las risas y las bromas con José Castillo, existe un dolor profundo en Mozo por haber tenido que abandonar la institución de forma tan prematura. El lateral sigue sintiéndose parte del grupo, y ver a otro jugador portando su número es un recordatorio constante de que su ciclo fue interrumpido por cuestiones que van más allá de lo futbolístico. A pesar de esto, Mozo mantuvo la compostura y le deseó el mayor de los éxitos a un Castillo que, ante Pachuca, demostró que el dorsal 2 no le queda grande en absoluto.

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