Chivas Impulsora y América Buenavista protagonizaron el llamado Clásico de la Talacha en el Estadio Agustín “Coruco” Díaz de Zacatepec, Morelos, con un millón de pesos en juego para el ganador. Es importante aclarar que no se trató del Club América contra Chivas de Guadalajara de la Liga MX, sino de dos equipos de talacha que utilizan la identidad de las instituciones profesionales y han construido su propia rivalidad. El encuentro fue anunciado como “La Gran Revancha” porque Chivas Impulsora había eliminado al América Buenavista en penales durante la Copa Potosí.

La conexión con los equipos profesionales hizo que el encuentro tuviera todavía mayor atención. El Club América y Chivas de Guadalajara protagonizan el Clásico Nacional, una de las rivalidades más importantes del futbol mexicano, y esa identidad también está presente en esta versión de la talacha. Además, el duelo reunió a futbolistas con experiencia en el profesionalismo y tenía una recompensa económica considerable, por lo que estaba lejos de ser una simple cascarita. Chivas Impulsora llegó a ponerse 3-1 arriba, pero el marcador terminó pasando a segundo plano por lo ocurrido en los minutos finales.

César Ramos terminó en medio de la polémica

Para un partido de estas características apareció César Arturo Ramos Palazuelos, árbitro mundialista mexicano, quien contó con autorización de la Comisión de Árbitros para dirigir el encuentro junto con su cuarteta. Su presencia buscaba darle mayor seriedad y garantías al compromiso, especialmente por el millón de pesos que estaba en disputa y por el antecedente entre ambos equipos. Sin embargo, tener a un silbante de esa categoría también puso todavía más atención sobre cada decisión tomada durante un encuentro que terminó elevando considerablemente su nivel de tensión.

La situación explotó cerca del minuto 85, cuando Ramos mostró la tercera tarjeta roja del partido. Después de la expulsión comenzó una bronca entre jugadores de ambos equipos y posteriormente algunos aficionados ingresaron al terreno de juego, provocando que el conflicto se saliera de control. Ante la falta de garantías, el compromiso tuvo que finalizar antes de completar los 90 minutos. El propio Ramos quedó en medio de la tensión y, cuando se dirigía hacia los vestidores, algunos aficionados le lanzaron vasos con líquidos, aumentando todavía más la polémica alrededor del encuentro.

Un millón de pesos y una rivalidad que terminó fuera de control

El contexto explica por qué la bronca generó tanta repercusión. Un millón de pesos estaba en juego, Chivas Impulsora llegaba con el antecedente de haber eliminado al América Buenavista en la Copa Potosí y el partido había sido promocionado como una revancha. Además, la presencia de jugadores con pasado profesional aumentó la expectativa. Entre ellos estuvo Julio César “Cata” Domínguez, exdefensa de Cruz Azul, quien formó parte del equipo de Chivas Impulsora.

Finalmente, Chivas Impulsora terminó imponiéndose 3-1, pero el resultado quedó relegado por las expulsiones, la bronca y el ingreso de aficionados al campo. La polémica también alcanzó a la organización por haber colocado a un árbitro mundialista como César Ramos en un partido que terminó sin condiciones para continuar. Mientras el Club América y Chivas de Guadalajara mantienen su histórico Clásico Nacional dentro de la Liga MX, América Buenavista y Chivas Impulsora llevaron esa rivalidad al extremo en la talacha, en un encuentro por un millón de pesos que terminó con una batalla campal y antes del tiempo reglamentario.